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Archive for 29 agosto 2010


Si la cosa funciona es otra comedia romántica que nos regala Woody Allen y que supera las expectativas. En realidad, es una comedia que ya hemos visto y unos personajes que estamos acostumbrados a ver en sus obras, pero esta fórmula sigue funcionando. Boris Yellnikoff (Larry David) encarna al típico personaje de Allen, neurótico, pedante, cascarrabias, enfadado con el mundo y nihilista. No podemos dejar de imaginarnos este personaje interpretado por el mismo director porque parece estar hecho a su medida, teniendo en cuenta otras películas suyas. A pesar de ello, Larry David consigue hacer un buen papel y le da un toque bastante original. Es una comedia llena de diálogos inteligentes y bastantes divertidos, un rasgo presente en casi todas las obras de Woody Allen. Un personaje misántropo e infeliz que se enamora de una chica que considera intelectualmente inferior es la columna vertebral de la película. Esta relación es simplemente pasajera, mientras la cosa funcione, ya que la existencia para Boris carece totalmente de sentido. La línea entre los personajes queda muy bien definida entre el genio Boris y los cretinos, el resto de los seres humanos. Por el medio de esta drástica división hay otros personajes que van alimentando las tumultuosas relaciones amorosas de que se compone la película. Junto a toda la trama argumental amorosa se van intercalando los diálogos, al más puro estilo de Woody Allen. Da igual de qué vaya la película: Woody Allen siempre encuentra el lugar exacto para criticar lo criticable, ya sea la cultura americana, la religión, el ser humano del siglo XXI, la discriminación, etc. Vemos que este director todavía tiene fuerzas para estos proyectos. En este caso el guión lo tenía escrito desde hacía tiempo y lo ha recuperado. Pronto veremos su nueva película, Conocerás al hombre de tus sueños.

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Fresas salvajes (Smultronstället), de Ingmar Bergman, es una dulce reflexión sobre la vida, sobre el amor y sobre la muerte, pero su dulzura va acompañada de las terribles sensaciones que te hace experimentar por medio de su protagonista, Isak Borg (Victor Sjöström). Llegué a esta obra cinematográfica al enterarme de que había servido directamente a Woody Allen para Deconstructing Harry (1997), una de mis películas favoritas. Isak es un anciano doctor que debe ir a un reconocimiento académico a la facultad. Este viaje físico para recibir el homenaje se irá alternando con el viaje al pasado, el viaje onírico que realiza simultáneamente. La mayor genialidad de esta obra es el tratamiento del protagonista, la capacidad de análisis individualizado a través del aislamiento del mismo. La cámara en primer plano en el rostro del anciano, las secuencias que reviven el pasado y la narración de los acontecimientos por él focalizan la atención del espectador en su persona.

Antes de partir hacia la facultad, el profesor tiene un sueño en una secuencia cinematográfica memorable. En él, se encuentra por unas calles desconocidas y advierte un reloj sin manillas, tan aparentemente frágil como terrible en su poderío para lanzar una advertencia a Isak. Además, vislumbra la muerte en un ataúd, y ésta trata de atraerse a Isak. El sueño delata los principales temores de Isak, hombre que ha centrado toda su vida en su carrera académica, un hombre egoísta y egocéntrico que ha perdido la capacidad de amar y ser amado. Durante el viaje físico se detendrá en varios lugares y se alternarán distintos recuerdos de su juventud. En la película se evoca con gran ternura el lugar donde solía pasar la infancia el protagonista, un lugar paradisíaco donde crecían las fresas silvestres y donde Isak encontró su primer amor. Sara (su primer amor) acabaría casándose con su hermano y representa lo inalcanzado, lo inocente y lo más puro. La otra Sara que aparece en la película es una acompañante en el coche de Isak que recuerda los anhelos juveniles del doctor, la vitalidad y la alegría más sencilla. Durante el viaje, Sara se debate entre dos hombres: uno de ellos es aspirante a pastor, preocupado por Dios y el sentido de la vida, y el otro, es un ateo convencido y extremadamente racionalista. Estos dos polos también aparecen en la personalidad de Isak. Durante todo el viaje en coche Isak va a acompañado de su nuera, mujer libre de su marido y sincera con Isak. Ella será quien confiese sin escrúpulos a Isak lo que es: un hombre egoísta que no piensa en los demás.

Ambos viajes, el físico y el mental, son viajes de conversión, de reconocimiento y de autoconocimiento. Isak verá a varias parejas en la vida real: la pareja de la gasolinera, simplemente felices, la pareja que recogen en la carretera, caídos en el error de la ofensa mutua, la pareja de Sara y la dualidad del creyente y el ateo, símbolo de las opciones de Isak, y finalmente, su nuera y su hijo que, reconciliados, sirven de ejemplo para el doctor. Su hijo es un pequeño Isak que cambia en la treintena y se deja embelesar por su mujer que le lleva hacia otro camino. Isak, sin embargo, cambia y transforma su mente en la senectud. Resulta memorable el episodio onírico en que Isak es examinado y no puede acertar ninguna pregunta. Es condenado como “culpable de culpabilidad”, una escena kafkiana donde Isak paga por sus errores y contempla la infidelidad de su mujer en el pasado.

¿Y a qué pena se me condena?

La de siempre, la soledad.

¿Y no habrá gracia para mí?

No me pregunte, yo de eso no sé nada.


Isak termina por darse cuenta de todo y experimenta una transformación. Se lamenta: Ya estoy muerto aunque todavía esté vivo. Es una película triste que nos machaca sin piedad mostrándonos cuál es el mayor castigo para el ser humano. Sin embargo, hay una vía de escape para ello y hay tiempo para rectificar. Isak terminará por valorar el amor hacia los demás tras el ejemplo de su hijo, y a la pregunta de cómo van sus problemas de corazón responderá que ya está curado. La obra acaba con Isak en un primer plano en su cama después de haber evocado otro sueño de su infancia. Al final, esboza una leve sonrisa que puede apreciar difícilmente el espectador, pero que es un aire de esperanza.

Cuando llego a la noche, después de un día intranquilo o tristón, trato de evocar para serenarme los recuerdos de mi niñez. Esta noche lo hice una vez más.


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Llegué a esta obra de una forma bastante casual. Suelo ser una persona bastante planificadora en cuanto a lo que veo y leo, y pocas veces me dejo llevar por la intriga de lo desconocido. En este caso sí lo hice y adquirí un ejemplar de Maldito karma (Seix Barral), a pesar de mis habituales reticencias a embarcarme en obras tan recientes. Sin embargo, ha sido una bonita sorpresa encontrarme con esta obra tan curiosa que trata el eterno asunto de la felicidad desde una perspectiva muy original. Es un libro que se lee a gran velocidad y con el que en no pocas ocasiones echas una carcajada, algo por otra parte bastante raro en mí cuando leo novelas. El punto de partida de esta obra es el de un matrimonio donde las fantasías sexuales y los roces con la infidelidad están presentes, hasta que llega el momento en que que se consuman. Extrañamente me he tropezado en varias ocasiones con esta misma temática en los últimos tiempos: es un tema eterno, el de la felicidad y su relación con el amor materializado en el matrimonio. La protagonista de esta historia se llama Kim y es una periodista de gran fama y con mucho dinero. Es una persona volcada en su trabajo, en la ambición de escalar posiciones y aplastar a los demás. Su familia (su marido, su hija y su madre) queda descuidada y resulta ser lo menos importante para ella. Su vida recoge todo lo negativo que podríamos achacar a un personaje así. El argumento da un giro en el momento en que muere Kim de la forma más patética: aplastada por el lavabo de una estación espacial rusa. Este es el punto en que la novela comienza a regalarnos escenas de un humor que se consigue en muchas ocasiones. A partir de aquí, el autor utiliza el tema de la reencarnación para hilar la obra, y el alma de Kim pasa a formar parte del cuerpo de una hormiga. Kim se dará cuenta de que debe acumular buen karma para poder ir avanzando en las especies animales hasta poder reencarnarse de nuevo en una forma humana. Gran parte de la genialidad de esta obra radica en las peripecias que sufre Kim como hormiga, cobaya, perro, vaca, etc. Finalmente, su persona sufrirá un gran cambio de personalidad e intentará recuperar a su familia de forma lícita, acumulando buen karma.

David Safier nos da una lección moral, o al menos lo intenta, al hacernos ver el triunfo de la felicidad de Kim como consecuencia de su cambio de mentalidad. Las buenas acciones, el interés por los demás y los intentos de rectitud moral llevarán a Kim a reencarnarse en otro cuerpo humano y, finalmente, vencerá el amor del matrimonio frustrado que tanta dicha le había proporcionado en el pasado. El final es bastante predecible dado que es el triunfo del cariño de una pareja, del amor por una hija y de la relación estable del matrimonio. Safier no deja de mostrarnos las tentaciones a la que es sometida Kim durante sus peripecias. Como vemos, es otra historia donde vence el angelito bueno, pero es muy recomendable para pasar un buen rato con un argumento bastante novedoso.

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Eyes Wide Shut (Stanley Kubrick, 1999) es una película interesante, que no deja indiferente cuando se ve. Es una larga obra, con un ritmo muy lento que casi exaspera en algunos momentos. Los diálogos, si bien no son definitorios para la acción, son muy escasos y se hacen esperar. Esta película tiene un gran poderío visual pero también en contenido. Puede parecer una obra sencilla con una trama más o menos convencional, con toques magistrales de suspense y poco más, pero Kubrick logra bucear en la antiquísima institución del matrimonio desgajando los flecos de una pareja convencional, adinerada y respetable. Tras la confesión de un conato de infidelidad por parte de la mujer (Nicole Kidman), el doctor William Harford (Tom Cruise) se verá desbocado y comenzará su viaje, rozando y traspasando los límites de lo prohibido, lo prohibido para un matrimonio, para una relación basada en un contrato de fidelidad mutua. Se adentrará en un mundo donde se ven los despojos humanos, donde el sexo y la muerte se entrecruzan con la prostitución. El protagonista irá de aquí para allá entre los fallidos intentos de desahogarse con varias prostitutas, las carantoñas de una menor, y finalmente, la escena orgiástica de una secta. El simbolismo de la película es muy fuerte: la máscara que recubre el rostro para estar preparado al entrar en un universo distinto al convencional sirve como protección, los ojos cerrados de par en par para los iniciados que todavía no han traspasado esa línea… Las escenas de la orgía dan a la película mucha fuerza y una nota importante de suspense, así como el seguimiento a que es sometido el protagonista. El doctor Harford acaba por confesar todo a su mujer. Ella había admitido un leve deseo de infidelidad bajo los efectos de la marihuana, pero él, a partir de ahí, inicia un periplo por un mundo oscuro que podría haberle costado la vida. Frente a la convencionalidad y la tranquilidad del matrimonio y la paternidad, la espiral de sexo, drogas y muerte. ¿Una defensa del matrimonio por parte de Kubrick? La película finaliza con un supuesto perdón de ambas partes, la voluntad de seguir con los ojos bien tapados en una vida segura y tranquila. Para remediar lo que faltase, ante la intranquilidad del doctor sobre lo que hacer a continuación, su mujer se lo dice claramente: “follar”. Utilizar el sexo como llave para enterrar los problemas, las dudas y las desilusiones de una vida apacible. Una película muy sugerente que puso fin a la carrera de su director.

Nota: recomiendo que lean este artículo del profesor Justo Serna acerca de la película.

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Esta entrada anuncia el ocaso del verano, el fin de estas semanas de paréntesis con la realidad. La segunda parte de este tiempo ha tenido lugar en Limerick, una ciudad de Irlanda, llamada a veces stab city por algún motivo que otro. Viajar a un país extranjero siempre debe ser interesante y resultar una experiencia enriquecedora. Ver personas distintas a ti, contemplar costumbres, logros y fracasos del ser humano, sentir añoranza por el clima mediterráneo, tomar té con leche a todas horas, hacerse una foto con Molly Malone y James Joyce, intentar mejorar un desdichado inglés, oír a personas hablar en gaélico a su caballo tarareando canciones celtas y hablando de lo fenomenal que es la selección española, etc.

Una bonita experiencia que queda en el recuerdo, al igual que aquellas maravillosas personas que he tenido la suerte de conocer. Limerick, Doolin, Las Islas de Aran, otra vez Doolin, carreteras y más carreteras, Killarny, Dublín. Lugares que tienen su encanto, paisajes llanos sin árboles y plagados de vacas, acantilados de ensueño, pueblos con encanto, y ciudades grises. Todo ello sazonado con nuevas palabras andaluzas que he aprendido. Han sido unos días en un nuevo ambiente; días de reflexión, tranquilidad y libertad. Ahora toca agotar los últimos días de asueto e ir preparándose para la novedad que trae siempre el mes de septiembre.

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