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Archive for 6 noviembre 2011

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra.; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.

John Donne

Sí, doblan por todos; las campanas doblan por todos. Cuando alguien es asesinado vilmente las campanas de su funeral repiquetean por ti; cuando una hambruna desuela una región, los gritos de sufrimiento resuenan en ti; cuando una persona pierde su trabajo, su voz pidiendo caridad llega a ti.

 Y sí, a dos semanas de las elecciones generales, todo el ruido hecho por nuestra clase política se dirige a nosotros. El motivo de John Donne con el que Ernest Hemingway abre Por quién doblan las campanas describe ejemplarmente nuestra situación actual. Estas campanas políticas nos anuncian que tenemos una cita, o una celebración como se suele decir. Sí, lo es. Tenemos una celebración de la democracia, una fiesta de nuestra representación, que pocos tintes de fiesta parece que va a tener. La calamitosa situación que estamos viviendo nos aboca a una sensación general preocupante. Meses atrás hablaba sobre la incertidumbre que estaba reinando sobre la conciencia social. Hoy no es menos, tenemos la certidumbre de los tantos millones de parados, y la incertidumbre de no saber cómo salir de este atolladero. Debemos luchar y debemos sentirnos llamados a participar con conciencia y sentido.

Veo con temor la desidia de nuestros ciudadanos y este hecho es un cáncer para el cuerpo de nuestra democracia que amenaza con seguir extendiéndose. Los adeptos a una u otra opción seguirán votando igual, en esta y en otras elecciones, pero aquellos defraudados o que no profesan un dogma político tan ciego y obstinado, cambiarán de opinión. La clave está en dar forma esa opinión y que no acabe siendo un mero discurso incendiario contra el sistema. Debemos quejarnos, gritar, criticar, pero también proponer y argumentar. Tony Judt lo expresaba muy bien en Algo va mal (2010): “Es necesario volver a iniciar un tipo diferente de conversación. Hemos de recuperar la confianza en nuestro instinto: si una política o un acto parecen erróneos, debemos hallar las palabras para decirlo”. Creo que la manera de la que salgamos de este momento marcará en buena medida el porvenir de las siguientes décadas. Cómo se construirá la ciudadanía, qué estado de opinión tomará forma, qué cauces de participación se abrirán… Son muchas las dudas y los peligros, pero las campanas tocan para todos aunque algunos hagan como que no las oyen.

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