Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 10 enero 2012

“La fluidez es la cualidad de los líquidos y los gases”. Así empezaba Zygmunt Bauman su conocido ensayo Modernidad líquida en el año 2000. Bauman acuñó este interesante término sociológico acerca de la modernidad, calificándola de “líquida”. Los líquidos son fluidos, movedizos, inestables y se adaptan a los recipientes que los contienen. Por el contrario, los sólidos son estables, más o menos duros, y para modificar su estado natural necesitan de fuerzas externas. Con esta contraposición enfrenta su “modernidad líquida” a la “modernidad sólida” que hemos abandonado. Parece que gran parte de lo que conformaba nuestras vidas hace unas décadas se ha venido abajo y se ha licuado. Los sólidos conceptos con que se construía nuestra existencia se han derramado y desintegrado, afirma el autor. No obstante habría que analizar en profundidad lo que este concepto da de sí para construir un panorama explicativo coherente.

Bauman hace un recorrido sociológico por diversas instancias de nuestra vida para mostrarnos ese proceso de “licuefacción” que, según él, han sufrido. Lejos quedan los duros compromisos que sólo podía romper la muerte; ahora se pueden romper de forma muy veloz. Conceptos como amor, matrimonio, trabajo, que, se nos presentaban hace escasamente dos décadas como referentes ineludibles para nuestro vivir, hacen aguas ya. La ampliación del concepto de matrimonio y el crecimiento del número de separaciones y divorcios dinamitan la solidez que el amor podía tener para una pareja que compartía toda una vida. No se trata de valoraciones positivas o negativas, sino de contemplar el proceso de cambio. El trabajo, que aún en nuestras jóvenes generaciones era un ideal a conseguir y en el que permanecer hasta la esperada jubilación, se ha evaporado. No sólo es que Europa, y más aún España, tenga dificultades en crear empleo, sino que el existente es “líquido”, precario, flexible… Nuestra vida ya no se asienta en patrones duraderos y permanentes, ahora toca adaptarse, transformarse, cambiar… como los líquidos.

Las cualidades de los líquidos también se ven en la transmisión de la información. Queda ya muy distante la enciclopedia universal que, instalada en un hogar, reunía a la familia para buscar tal planeta o tal país desconocido. Resulta inimaginable ya acudir a un todopoderoso libro de historia que solucione nuestras dudas. La información camina a la par junto a la velocidad de nuestra sociedad y los cambios producidos; las noticias completas e “inequívocas” se han acabado ya. Ahora asistimos a una televisión con decenas de canales diferentes y a una prensa variada con multitud de noticias y artículos. Una persona no puede abarcar toda la información que se vierte sobre un hecho y a ello ha contribuido enormemente Internet. La velocidad y la dispersión creciente de la información de nuestro mundo crean una imagen borrosa y extremadamente compleja en nuestra percepción. Es cierto que el grado informativo que ahora disfrutamos es el mayor tenido nunca, pero la duda estriba en si ello favorece o no al conocimiento que podamos tener de la realidad. Será que el conocimiento a retener, si su liquidez nos lo permite con su cualidad de multiforme, es el único posible.

¿Qué nos queda de este universo líquido que propone Bauman? Desde luego, quedan cosas sólidas y más aún habrá que construir y crear próximamente. De ello seguramente dependerá la vida de las generaciones futuras, de las convicciones e ideales sobre las que se sostengan. Y habrá que resistirse, como parece hacer Bauman en esta fotografía, y evitar que todo nuestro yo se fusione y se confunda.

Anuncios

Read Full Post »

La economía está de moda: no hay duda. Vivimos un ambiente donde la información nos llega constantemente y gran parte de la misma es económica. El motivo no es otro que la situación que vivimos y las medidas tomadas. La economía se ha convertido en un tema habitual en las conversaciones más mundanas pese a que la incomprensión y el desconocimiento son, por desgracia, muy habituales. Habría que avanzar mucho en la democratización de la información económica, no en cantidad, sino en calidad y en explicación. El hecho de que escriba esta pequeña nota es porque el diario El País en su sección Negocios comienza hoy  una serie de artículos dedicados a las crisis económicas a lo largo de la historia, comenzando desde la crisis bajo medieval hasta la actual.

Estos enlaces denotan la creciente presencia de la economía en el quehacer diario, y otorgan una perspectiva histórica a la realidad del presente.

“Lecciones de la recesión”, El País, Negocios, 8-1-12.

“La primera gran depresión europea”, El País, Negocios, 8-1-12. Por Antoni Furió, catedrático de historia medieval de la Universitat de València.

Read Full Post »

Hace unos años entré en la Universidad y viendo en perspectiva puedo reflexionar sobre algunos de los asuntos que atañen a ésta. Dejemos de lado la falsa imagen ideal con que, durante años y años, la sociedad iba dibujando este destino como el mejor de los posibles para el empleo. Sí es cierto que la vida universitaria, con todo lo que conlleva, es positiva, pero hay importantes problemas y uno de ellos es el que lleva atormentándome durante todos estos años. Es algo recurrente y que, a primera vista, no parece tener ninguna solución.

Me refiero a la figura del profesorado universitario. A los profesores y profesoras que imparten sus clases, unas repletas de alumnos, otras escasamente pobladas. El motivo de esto no es que los alumnos sean unos vividores hedonistas que no aprecien la gran inversión que se hace para cursar unos estudios. El verdadero motivo es que la mayoría de los docentes que imparten clases no son docentes, o lo soy en muy bajo grado. Y también forma parte de este hecho la escasa seriedad de algunos de estos docentes y el poco control que existe en la Universidad respecto a su tarea.

¿Qué es ser docente?

Los profesores universitarios, por regla general, son investigadores en su disciplina y su trabajo conlleva, además de la docencia, la investigación. El problema ocurre cuando la parte docente del profesorado queda desdeñada y olvidada. Este es el hecho al que estamos acostumbrados los alumnos, a un ambiente universitario de impersonalidad y de irrealidad. La tónica general son los profesores que, a veces ni siquiera se presentan, y llevan a cabo sus pertinaces clases magistrales como si la sala estuviera vacía. Y esto no es todo. Aún es peor el hecho, que ocurre muy a menudo, de que los profesores ignoren deliberadamente las guías docentes y los temarios oficiales. Esta situación provoca gran indignación entre el alumnado que toma de forma seria su formación y asiste a auténticas aberraciones. Cuando los alumnos pagamos una asignatura por la cantidad de créditos que tiene estamos pagando, al fin y al cabo, un producto que consumimos. El problema es que este producto puede resultar deforme, incompleto, o simplemente, diferente del que parecías haber comprado. En la gran mayoría de los casos los temarios no se acaban, y en mis estudios de Historia, es lo habitual. ¿Qué pasaría si un médico no diera una asignatura de anatomía porque el profesor no tiene ni idea de la misma o prefiere contar a sus alumnos otros asuntos, tan elevados para él? Seguramente se armaría un revuelo, pero en Historia esto no ocurre. Lo que ocurre es que esta situación se puede dar perfectamente pero nadie mueve un alfiler para cambiarla. Como nosotros no podemos matar a nadie si no se nos da todo el temario me recuerda siempre una compañera…

Ser docente no es nada de esto. Y tampoco es ejemplo de gran docencia la poca coordinación que tiene el título universitario en cuestión. La Universidad parece algo tan escasamente humano en algunos aspectos que el diálogo y la coordinación entre los profesores de un mismo título, o al menos, de un mismo departamento, es inexistente o infructuoso. Se puede obtener este título de Licenciatura sin saber absolutamente nada de Lutero o de la romanización de la Península Ibérica, pero no pasará nada. Si de verdad la Universidad se tomara un poco en serio la docencia hacia sus alumnos estas cosas no ocurrirían. Si esto ocurriera no habría profesores funcionarios que aplican su libertad de cátedra de una forma dictatorial, habría un equilibrio en los temarios entre los temas que gustan al profesor y los que no, habría verdaderos debates en clase, sería todo algo más humano.

Son muchos los aspectos a mejorar, y es necesario que esto se haga. El conocimiento parece que va a ser en las próximas décadas determinante para configurar nuestro maltrecho país y es urgente situarlo como una prioridad. Ha de acabar el absoluto descontrol del funcionariado docente, tienen que acabarse las reformas universitarias sin debate y cada tantos años, tiene que mejorarse en la investigación, pero también en la docencia, y hay que profundizar en la innovación, diezmada y burlada.

A veces es necesario descargar un poco de ira contenida, o mejor dicho, de decepción, aunque mi humilde contribución no sirva para nada. Quizás algún día retome los avatares de esta histórica institución; mientras seguiremos estudiando.

Read Full Post »

A %d blogueros les gusta esto: