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Archive for 24 septiembre 2013

dexterDexter ha terminado. Sí. Después de ocho temporadas ha acabado una de las series con mayor continuidad de los últimos años. Su final se lleva un poco de nosotros mismos como ocurre siempre que una obra de este calibre, acabada y compleja, termina su andadura. Han sido muchas temporadas que he condensado en el último año y no puedo sino rendir un pequeño homenaje a este asesino que tantas complicidades ha suscitado.

Dexter es el ejemplo del personaje que expresa lo prohibido, lo que no se puede decir, que desata las pasiones que jamás se pueden desatar; es un prototipo muy bien encuadrado que parte de un código moral de conducta muy rigorista, parido por su propio padre y una psiquiatra que solo aparece en la última temporada. Es un individuo seguro, meticuloso, cuidadoso con cada detalle, sabedor de que siempre va a vencer y va a imponer su propia justicia eliminando a los monstruos de Miami. Se puede decir que es alguien amoral en un principio: no siente gran amor por sus compañeros y únicamente su hermana y su difunto padre pueden hacer aparecer en él algún atisbo de sentimiento afectivo. No obstante, como buena y larga serie que es, tiene grandes evoluciones en su personaje: Dexter, inmaculado por su riguroso código, va desprendiéndose paulatinamente de éste e imbuyéndose de los aires mundanos: se hace más descuidado, se enamora en diversas ocasiones, corre peligros que antes no cabría imaginar, sufre y se desespera. Es un sufridor: ve morir a su padre, a su esposa, a diferentes compañeros y no tiene un final demasiado agradable en la última temporada; todo ello le acerca al mundo del que creía estar aislado. Pero lo que más le acerca al mundo es el amor que va descubriendo a medida que avanza la serie. Una serie que carece de sentimientos palpables –con la excepción de su hermana Debra– termina teniendo por motor principal el afecto. Dexter es una persona atormentada que acaba haciendo todo lo posible y lo imposible por su hijo Harrison, por Hannah y por Debra. Ellos tres forman ese triángulo afectivo que mueve a Dexter, un Dexter que ha abandonado ya el código de su padre y su voz consejera, así como a la doctora Vogel –tristemente fallecida– para, así, mirar hacia adelante tomando decisiones propias y desde su raciocinio y su acompañamiento por otra asesina en serie.

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Ha sido una producción que mantendrá en nuestra mente personajes míticos como el hermano de Dexter, Trinity, Lumen, el sargento Doakes o Vince Masuka. Por supuesto, Debra es el segundo personaje en importancia y en solidez: su magnífica caracterización llega a superar en bastantes momentos a la del propio Dexter. Debra es la inocencia, el sufrimiento, el amor desinteresado por su hermano; es la víctima total y final de la serie. Es inolvidable. El final puede ser criticado y, de hecho, lo está siendo porque muchos fans habían esperado acabar de otra forma con el analista de sangre; a pesar de ello, es un final ciertamente cerrado donde Dexter se sacrifica y comprende que puede llegar a ser peligroso para sus allegados, entiende que ha hecho suficiente daño al mundo para seguir ahí. La simpatía que este asesino en serie ha desatado entre los fans ha sido, a mi juicio, mucho mayor que la de Tony Soprano o la de Walter White, otros villanos de la televisión. La próxima semana descubriremos otro final de otra serie muy celebrada: Breaking Bad.

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