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Archive for 26 mayo 2014

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1-Las elecciones de ayer nos dejan algunas sorpresas y la confirmación de unas tendencias que se vienen gestando en Europa estos últimos años. Una de ellas es, por supuesto, el incremento de las fuerzas políticas de ultraderecha en países como Francia, donde resulta vencedor el Frente Nacional de Le Pen, Reino Unido con el UKIP, Dinamarca, Austria, Alemania y Grecia, con los preocupantes resultados de Aurora Dorada, de carácter neonazi, que podría tener tres eurodiputados. Lo cierto es que en épocas de crisis y de importantes retrocesos en la credibilidad y legitimidad de las instituciones los extremos ascienden, con el ejemplo de estos partidos eurófobos o, simplemente antieuropeos en algunos casos. Comienzan a oírse las comparativas con esta situación y la de los años 30 en Europa que todos conocemos bien; no obstante, no creo que haya que rasgarse las vestiduras, sino reflexionar sobre el porqué de esta tendencia. Hay que aprender de estos resultados tan preocupantes y admitir que las políticas de la Unión Europea chocan con una gran multitud de ciudadanos que manifiesta sus pulsiones por medio de estas formaciones. Es necesario cambiar el rumbo e impedir que tomen más fuerza los partidos de extrema derecha que podrían suponer un importante agravio para la convivencia y para el devenir de muchas políticas, especialmente las referidas a la inmigración.

2-¿En clave nacional? Es habitual valorar estas elecciones en clave nacional de cara a las próximas elecciones autonómicas y municipales, y a las nacionales dentro de dos años. Los resultados nos dan también mucho que pensar y que meditar, especialmente por parte de los dos principales partidos. El bipartidismo parece romperse, y viendo la distribución electoral de anteriores elecciones se confirma la tendencia de la pulverización del voto. Por una parte, el PP ha sufrido una derrota importante, por mucho que se hable numérica y demagógicamente de victoria; ha perdido una gran cantidad de votos y ha retrocedido en comunidades importantes, lo cual es una prueba ineludible de que sus políticas son ampliamente cuestionadas por una parte de la población, harta y descontenta. Por otra, el PSOE sufre una derrota mayor todavía, con un retroceso grandísimo estando en la oposición y sin levantar cabeza. El socialismo español, si es que puede llamarse así aún, necesita un cambio urgente si quiere sobrevivir como partido en segunda posición; debe llevar a cabo una regeneración –palabra tan actual e histórica– y acabar con una estructura política anquilosada y unos dirigentes que ya no pertenecen a esta época ni responden a los intereses de la izquierda. La dimisión de su ejecutiva y el avance en las primarias podría ser una oportunidad para ellos para recuperar tantos y tantos votos que se han desplazado a otras formaciones.

3-La dispersión del voto. Este asunto me alegra porque supone un varapalo a un bipartidismo neoliberal que me angustia y exacerba; no obstante, también es en cierto modo preocupante por la dificultad de gobernar un país de este modo. Hay partidos con presencia importante que me causan muchas desconfianzas (UPD, Ciudadanos), cuyos votos seguramente habrán provenido de muchos descontentos con el PP. Por otro lado, la izquierda más real aumenta, con un fuerte incremento de Izquierda Unida y la fulgurante entrada en el parlamento de Podemos. Estos últimos partidos también me causan alguna reticencia, especialmente el último por las críticas que está recibiendo, tildándolo de populista, demagógico u oportunista. La realidad es que la lectura de la situación actual desde un punto de vista anticapitalista (si es posible llamarlo así) y en contra de las políticas comunitarias actuales, coincide con el sentir general de gran parte de la población. Es una pena que la izquierda alternativa al desgastado y trasnochado PSOE esté tan dispersa y no sea posible aunar fuerzas contra el bipartidismo. Si no se avanza en esta dirección, las posibilidades que otorgarían los resultados en las nacionales podrían verse minorizadas por el efecto de la Ley d’Hont y el típico recurso al voto útil. A pesar de todo esto, no puedo dejar de manifestar mi alegría por el incremento de estas opciones que pueden plantar cara a las nefastas política a que nos están sometiendo durante años y, además, son la manifestación electoral de tantos movimientos sociales que estamos contemplando en nuestro país.

4-Los nacionalismos. Este es otro punto en los resultados electorales que dice mucho para quien quiera oír. ERC gana en Cataluña con su proyecto soberanista e independentista; PNV y Bildu obtienen la gran mayoría de votos en el País Vasco, con Bildu en primera posición en Guipúzcoa y Álava. Ni me preocupa ni me deja preocupar. No soy nacionalista y no tengo ese sentir, pero respeto profundamente la voluntad de muchos que desean poder decidir su futuro. Quienes asisten a estas manifestaciones políticas en sentido soberanista, que han venido para quedarse, y únicamente hacen oídos sordos, son bastante necios políticamente hablando. Urge abordar este problema ya y no postergarlo por la vía del desprecio y del castigo; de lo contrario, la ceguera manifiesta del bipartidismo ante unas reivindicaciones claras y sonoras podría empeorar la situación futura en otra dirección.

5-La escasa participación. Los resultados electorales a nivel europeo y nacional deben hacer que pensar, pero también debe hacerlo la participación. En España, pese a incrementarse levemente respecto a 2009, son cifras muy preocupantes. Tan sólo el 45.84% del electorado ha acudido a votar. ¿Qué validez tienen estas cifras y estas elecciones, tradicionalmente de poca participación? ¿Qué credibilidad puede tener una institución como el Parlamento europeo con estos niveles bajísimos de participación? ¿Qué siente la gente hacia la Unión Europea, con su maraña de instituciones complejas, su falta de democratización, hacia el poder de la Comisión y el Consejo…? No es un asunto baladí: creo que la salud democrática de un sistema reside en la participación de las personas, no sólo en este sentido, sino durante todos los días del año por medio de otros canales. Aun así, las bajas cifras de participación no parecen inquietar a los grandes que suelen salir beneficiados. Al menos, deberían dar un aviso a la ciudadanía para revisar nuestro papel social y nuestra participación política.

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1. ¿Qué tendrá que ver Vetusta Morla con la “media teoría” del capitalismo posdemocrático de los mercados financieros? Probablemente nada. No obstante, su último disco, La deriva, sí me sugiere algunos pensamientos sobre este tema. Vayamos por partes. La idea en cuestión, de nombre tan enrevesado, es la respuesta del sociólogo alemán Claus Offe a la situación actual: un mundo en que otras teorías anteriormente triunfantes –la socialdemócrata y la liberal– perdieron su momento y sucumbieron a una “media” teoría, es decir, a un conjunto de realidades sin justificación alguna. El autor afirma lo siguiente acerca de este momento que estamos viviendo: “los privilegiados titulares de los recursos financieros pueden muy bien marcar la agenda y la toma de decisiones del proceso político” y “la acción del Estado (está) sometida a la presión de los imperativos de los mercados”. La lógica de esta teoría incompleta se basa en la acumulación, el beneficio, la eficiencia, la competitividad, la austeridad y la mercantilización sobre la esfera de los derechos sociales, palabrejas sobre las que sabemos mucho desde hace unos años, y quizás no sepamos gran cosa. La situación de adormecimiento que tanto se critica, e incluso se cuestiona, nos ha hecho observar esta realidad como la única posible en este momento; una realidad que no tiene escapatoria, ni tiene final. Claus Offe no se queda ahí: nos ilustra con cuatro posibilidades o respuestas que la ciudadanía puede emprender para hacer frente a esta merma en la democratización de la sociedad. La primera de ella es la crítica social, presente en movimientos como los “Indignados”; la segunda, las protestas que estallan ocasionalmente sin grandes objetivos políticos; la tercera, el crecimiento del populismo de derechas –con todo lo que lleva aparejado: racismo, intolerancia, pretensiones de homogeneidad, etc.–; y la cuarta, la búsqueda de nuevas instituciones y nuevas maneras de participar en política recalculando las estrategias a que estamos acostumbrados.

 deriva2. Pero, ¿qué tiene que ver Vetusta Morla con esto? Su nuevo trabajo, de gran madurez, combina de forma magistral la interioridad a la que nos tiene acostumbrados este grupo con la crítica social, más presente que nunca en sus letras. Una crítica social que se desprende de forma contundente y rotunda, a la vez que sutil y elegante: no nos encontramos ante desgarros de destrucción ni clamores por la revolución, sino ante la descripción poética de situaciones que pueden con nosotros, que nos restan lo humano que tenemos. El disco empieza y acaba de forma redonda: “La deriva” y “La sonata fantasma”, describiendo una situación de pérdida donde, sin embargo, hay esperanza: “Hay esperanza en la deriva”, en esa deriva en la que hay un telón y una brecha de luz donde “se vuelve a bailar”. No estamos ante mensajes apocalípticos, sino plenamente humanos y esperanzadores. La interpretación personal y sentimental o social y política ya depende de quien escucha cada tema. Siguiendo con el repertorio, encontramos una segunda pieza de claro significado: “Golpe maestro”. En él se habla del “atraco perfecto” del que todavía subsisten “garganta, puño y pies” con fuerza para arremeter contra los ataques externos.

La situación de desorientación y desagregación social la veo palpitar en diversos momentos del disco: “Nada encaja en su lugar. Te llevaste la solución y me quedé el interrogante” (“Fiesta mayor”), “yo guardo la fe, tú encuentra el milagro” (“Alto”), o la crítica feroz a los problemas del sistema sanitario en “Las salas de espera”. Cuando lo económico y la lógica del beneficio imperan en la vida diaria se crean estas situaciones de infelicidad y de agobio, y el hecho de que estas letras puedan sugerirnos críticas sociales es siempre positivo para pensar si nuestros sentimientos concuerdan con lo que se canta. A todas estas letras acompañan otras más íntimas describiendo momentos vitales en que la voluntad de escapar se hace fuerte (“parece tan oportuno escapar”); en que nada es como antes (“gas letal, carmín para cenar, vacío en el desayuno); o en que los recuerdos hacen mella en la rutina diaria (“cuarteles de invierno rompiendo su silencio”), nos impiden subsistir y hacen imposible escapar de ese fuego, fuego que está dentro y está fuera de uno mismo.

 3. Quizás todo esto sean locuras mías y los chicos de Vetusta Morla no traten de esconder pensamientos tan retorcidos; sin embargo, sí creo que en sus letras hay tal fuerza contra el sufrimiento humano. Volviendo a Offe, afirmaba que el momento que vivimos está caracterizado por la incapacidad del ser humano de ser partícipe de las decisiones que se toman, y así es. A menudo observamos hacer y deshacer a comisiones llenas de expertos, a parlamentos que no responden a nuestros intereses, o a grupos transnacionales; nuestra voluntad y nuestra representatividad –entendida en el marco clásico del Estado-nación– se ha desdibujado, abriéndose caminos inescrutables de instancias que no controlamos, repletos de discursos de la necesidad y de la pertinencia neoliberal. Ahora más que nunca, ante unas elecciones europeas próximas, carentes de garantías claras acerca de su capacidad de transformación, con poco margen democrático para nosotros los ciudadanos, es cuando hay que tratar de hallar esas vías a las que se refería el autor, o tratar de ver esperanza en la deriva en la que estamos insertos ya demasiado tiempo.

Consultar:

OFFE, Claus. “Dos teorías y media. Posmodecracia en la era de los mercados financieros globales”. Pasajes de pensamiento contemporáneo, València: Universitat de València, invierno 2013-2014, pp.154-161.

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