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Archive for 20 diciembre 2016

Es habitual escuchar a los historiadores afirmar que hacer historia del presente es realmente difícil, dado que no se tiene la perspectiva suficiente como para aplicar el método de investigación propio de la disciplina, alejarse del objeto de estudio y analizar con rigor el pasado, sin pasiones y vehemencias que podrían desvirtuar la pretendida imparcialidad. Gaizka Fernández Soldevilla, en su obra La voluntad del Gudari. Génesis y metástasis de la violencia de ETA, de 2016, traza con agudeza la cronología de los hechos que han configurado el terrorismo de ETA. La obra parte del hecho del “cese definitivo” de la actividad armada por parte de la banda terrorista el 20 de octubre de 2011 y esboza, en un marco cronológico que comienza en la configuración del nacionalismo aranista, la génesis y la transformación del nacionalismo vasco radical que optó por la violencia.

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La obra de Aramburu, Patria, supone el acercamiento sociológico al ambiente actual y reciente de la presencia que tiene la izquierda abertzale en Euskadi. La obra de Gaizka Fernández nos sirve para bucear en un conjunto de formaciones políticas que llegan hasta la actualidad, y que tienen su explicación a largo plazo en la inicial construcción del nacionalismo de Sabino Arana en el Partido Nacionalista Vasco. Sirva esta breve reseña para apuntar algunas de las conclusiones a las que se puede llegar tras la lectura de esta obra:

1. El nacionalismo, en general, y la opción terrorista y radical que personificó ETA, en particular, parten de una interpretación triádica del tiempo histórico, como ha analizado Antohny Smith. Los nacionalismos observan con anhelo un pasado glorioso, una Edad de Oro de un pueblo (sea el vasco, el catalán o el español) que ha sido sumergido en un proceso de decadencia por una serie de motivos, habitualmente externos, por lo que es necesario optar por una vía que permita recuperar el futuro utópico, que no existe. Esta receta fue aplicada por Arana: los Estados vascos fueron independientes antes de 1839 con Vergara, a finales del siglo XIX eran provincias de España, lo cual llevó a la decadencia, por lo que habría que buscar un futuro independiente y católico, así como puro en términos étnicos. Esta construcción nacionalista, basada en un conjunto de falsedades históricas, sirvió como receta para explicar una narrativa concreta por parte de ETA, edulcorada con otros elementos ideológicos que desarrolla ampliamente el autor. La estructura triádica de interpretación podría aplicarse a otros nacionalismos, como el catalán: pasado previo antes de la abolición de los fueros por Felipe V, presente decadente por formar parte del Estado español (retroceso de la lengua catalana, dependencia económica), futuro utópico que construir. O por el español en época franquista: pasado glorioso con Carlos V (visión imperial de España), presente (1939) decadente por un siglo de liberalismo y la degeneración de la República (la “anti-España”) y un futuro glorioso de la mano de la Iglesia Católica y el nacionalismo.

2.Los “gudaris”, combatientes durante la guerra civil español adscritos al PNV, ANV, Acción Nacionalista Vasca, entre otras fuerzas, fueron un magnífico recurso para el nacionalismo posterior para identificar a unos héroes y mártires que sirvieran para justificar las acciones de sus formaciones. ETA se sirvió de estos héroes para trazar un vínculo histórico con el nacionalismo anterior y para apropiarse la nomenclatura para sus componentes. La guerra civil fue reinterpretada por este nacionalismo como una lucha de los vascos contra España, renunciando a un mínimo rigor histórico y escondiendo lo que no interesaba para la narrativa mítica, por lo que, de este modo, ETA alimentó la idea del secular conflicto entre vascos y españoles como motor de la historia. Esta supuesta opresión secular era el dogma que pronto debían digerir los integrantes de la banda para estar dispuestos a cometer todo tipo de acciones en su nombre.

3.La manipulación histórica del relato es una herramienta básica del nacionalismo radical. En el caso del discurso ideológico del nacionalismo vasco radical se magnificó la represión franquista para dotar de veracidad al conflicto eterno entre vascos y españoles y presentar, así, al pueblo vasco como colonizado y reprimido. En realidad, como bien se ha estudiado por muchos autores, la represión franquista tuvo sus cotas más altas en Andalucía y Extremadura, no en el País Vasco. En el plano de la represión cultural, si bien el euskera fue desterrado de la vida pública y de la educación y experimentó un retroceso progresivo, nunca fue prohibido oficialmente. A todos estos elementos de un supuesto odio secular de los españoles hacia los vascos, obviando las fuerzas vascas que lucharon junto a Franco, se une la inmigración hacia el País Vasco desde otros lugares del Estado en los años sesenta: los conocidos históricamente como maketos o simplemente cacereños, coreanos o españoles que suponían, según la visión de este nacionalismo, una pérdida de la genuinidad cultural vasca. Eran concebidos como una “Quinta Columna” dentro de la patria colonizada.

4.El proyecto ideológico de ETA, como el de toda banda terrorista, supone una mezcolanza de diferentes elementos y de tradiciones completamente distintas. El racismo apellidista y el catolicismo de Sabino Arana fueron sustituidos por la lengua vasca y por el marxismo-leninismo, al que se añadió la versión maoísta y castro-guevarista con teóricos como Federico Krutzwig y José Antonio Exebarrieta. Estos elementos diferenciaban y enemistaban al PNV y a ETA. La influencia de los movimientos anticolonialistas, como el Frente de Liberación Nacional de Argelia, la teoría de la guerra de guerrillas, o el ejemplo cubano fueron elementos que dieron sentido al discurso de guerra antiimperialista que se pretendía llevar a cabo por parte de ETA. La ecuación era clara: al igual que una colonia que buscaba la independencia respecto a la metrópolis europea, el País Vasco debía separarse de España. Euskadi era la Cuba de Europa, la Argelia de África. Para lograr el apoyo popular que hiciera viable la estrategia violenta contra el Franquismo, se puso en marcha la táctica de la acción-reacción: los atentados de ETA conseguirían una feroz represión por parte del Franquismo hacia los vascos, por lo que estos podrían ver con buenos ojos las acciones terroristas. El clima de aceptación popular que tuvo la banda durante la Transición, integrada dentro de la oposición desde una lectura generalista, se consiguió entre otros motivos por esta estrategia.

5.La tesis principal del autor es la de la voluntad: los terroristas no comenzaron a matar porque heredaran una serie de ideas históricas acerca de la subyugación española hacia los vascos. Los terroristas empezaron a matar porque así lo quisieron, porque optaron por esta vía para hacer realidad su proyecto político. Ni todos los nacionalismos optaron por la violencia, ni toda la oposición al Franquismo siguió esta dirección. El 2 de junio de 1968 en Ondárroa (Vizcaya) se tomó la decisión de preparar el asesinato de José María Junquera y de Melitón Manzanas, agentes policiales. Fue Txabi Etxebarrieta el joven líder de ETA el designado como encargado de ejecutar esta acción. No obstante, el primer asesinato no fue este: el 7 de junio de 1968 en un control policial a Etxebarrieta y su compañero Iñadi Sarasketa, que viajaban en un vehículo robado, un guardia civil, José Antonio Pardines, fue ejecutado mientras inspeccionaba el automóvil sospechoso. Etxebarrieta murió en la fuga, abatido por la policía, hecho que sirvió a la banda para conseguir un mártir del siglo XX y manipular el relato histórico en su beneficio. El 2 de agosto de 1968 fue asesinado Melitón Manzanas por su fama de torturador, hecho bien recibido por la oposición antifranquista y punto inicial a una historia que todos conocemos.

Los 52 años de historia de ETA y las 845 víctimas mortales son la conclusión de este ilustrador estudio. Son muchos más los temas que se abordan, fruto de la investigación del autor, como el papel del PNV como versión diferente del nacionalismo, la existencia otras organizaciones como EGI, la infiltración de agentes en ETA, la relación del terrorismo etarra con otros nacionalismos radicales de tipo violento como el de UPG o Terra Lliure, el papel de Herri Batasuna y las formaciones políticas controladas por ETA, o la izquierda heterodoxa como Acción Nacionalista Vasca, alejada en sus inicios de la deriva violenta.

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Escribo in media res, en medio de la acción, sin acabar aún El palacio de la luna, novela de Paul Auster publicada en 1989. Este escritor estadounidense me sirve ocasionalmente para darme un baño de fantasía y saborear otras vidas posibles. Sus historias, excelentemente narradas, vienen a ser píldoras de sosiego; entremezclando aventuras, búsquedas y periplos de diferentes personajes te introducen en una espiral de referencias placenteras. En este caso es Marco Fogg, un buscador en los Estados Unidos de la primera mitad del siglo XX, que enlaza mágicamente con otras novelas como El libro de las ilusiones. Conocí a Auster en mayo de 2009, cuando leí La trilogía de Nueva York, una triple novela poco común sobre un escritor de literatura policiaca. El volumen en cuestión se encuentra ya fatigado: siete años de estantería y algún préstamo han deslucido su portada, han doblado sus puntas y han manoseado sus páginas. Ha posado valientemente junto a Bukowski y Nabokov sin ceder a sus presiones. Se merece un lugar de honor en la estantería.

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Marco Fogg no es, en realidad, más que una excusa para contar historias, como la de Effing, un anciano maniático postrado en una silla de ruedas que emprende los últimos días de su vida organizando un extraño programa de lecturas y rutinas para el joven que le cuida. La pintura de Blakelock, Luz de luna, obra del lejano oeste, sirve como fondo para dar nombre a la novela y ubicar en esos lugares las aventuras del entonces perdido y valiente Effing. “Mira el cuadro. Mírelo por lo menos durante una hora, haciendo caso omiso de todo lo demás que haya en la sala. Concéntrese. Mírelo desde diferentes distancias, desde tres metros, desde medio metro, desde tres centímetros. (…) Cierre los ojos y prueba a recordarlos. Vuelve a abrirlos. Vea si puede empezar a entrar en el paisaje que tiene ante sí”. La noción de vida que transmite Effing es todo un aprendizaje de juventud para Fogg: le obliga a contemplar este cuadro después de un largo viaje con los ojos cerrados, a memorizar sus detalles y a introducirse en la escena; a pasear relatando al viejo ciego todos los detalles de las nubes y del devenir y el cambio de los objetos mundanos; a repartir dinero a todos los personajes anónimos que pueblan Nueva York, sabiéndose al final de su vida; o a leer las necrológicas de los periódicos durante semanas para preparar una propia. Una lección de vida. Una enseñanza para saborear los últimos estertores de su existencia que, sin duda, servirán para el resto de la historia que pronto acabaré.

De repente, justo en el momento de la muerte del viejo llaman al timbre, aparato desgastado que no permite comunicarse con el interlocutor. Unos segundos después sé de qué se trata: el último pedido literario que hice, esta vez más académico y menos dedicado a la fruición de la novela. La elección de las obras que leo es toda una aventura, a veces creo que disfruto más eligiendo que leyendo. Doy tumbos de página en página, leo referencias, reseñas, comentarios, relleno listas interminables de pendientes que nunca puedo seguir –y, desde luego, tampoco obedezco– para escoger lo primero que me aparece como deseable en ese momento. Hace años que abandoné la pretensión de la lectura sistemática: confieso que lo intenté, animado por aquellas palabras del genial Ignatius Reilly en La conjura de los necios: “Entonces, debes iniciar inmediatamente un programa de lectura, para que puedas llegar a comprender la crisis de nuestra época. Empezaremos con los últimos romanos, incluido Boecio, claro. Luego, profundizaremos extensamente en la Alta Edad Media. Podrás dejar a un lado el Renacimiento y la Ilustración. Todo es más que nada propaganda peligrosa. Ahora que lo pienso, será mejor que te saltes también a los románticos y a los victorianos. En cuanto al período contemporáneo, deberías estudiar algunos cómics seleccionados. Te recomiendo especialmente Batman, porque tiende a trascender la sociedad abismal en que se encuentra. Su moral es bastante rigurosa, además. Le respeto muchísimo.” Pronto desistí y me entregué a la anárquica sensación de escoger libremente. Así pues, llegan mis dos nuevas adquisiciones: un estudio sobre Marx, hecho por un comunista recientemente fallecido, y uno sobre ETA, de un joven historiador actual. Los intereses del oficio. Lentamente, me permito acabar antes con la muerte de Effing y procedo al ritual que me deleita: acaricio el lomo, observo la portada –esta vez no fatigada–, lo comparo con el viejo ejemplar de la biblioteca que manejé hace años, leo la contraportada y la solapa, me identifico como poseedor de tales objetos –con un lápiz, a falta de un buen sello a modo de exlibris–, anoto la fecha y el lugar de adquisición y les busco un lugar provisional en la estantería, esta vez lejos de Auster. Pienso por cuál empezaré primero y vuelvo a la acción abandonada in media res.

 

 

 

 

 

 

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Quan la recerca semblava no oferir cap troballa que tingués un poc de valor per a passar les hores d’aquesta festivitat, m’he trobat amb una pel·lícula curiosa, digna de veure, diferent. Em referisc a El Bosc, d’Óscar Aibar, a la que cal donar-li una oportunitat. Podria parèixer que una pel·lícula més de la guerra civil espanyola, un tema massa tractat des de punts de vista diferents, però aconsegueix oferir una fugida del relat clàssic, tot acompanyant l’obra amb una estètica que ens transporta a l’interior d’Aragó. Els temes recurrents de la guerra s’hi poden veure: la personificació del mal en els anarquistes, la suposada revolució que es pretén implantar, la incoherència militar de la guerra, l’acció de les Brigades Internacionals –on podrien haver situat a un desconcertat George Orwell davant la inacció i el poc sentit de la contesa–, els enfrontaments entre anarquistes i comunistes, i la fam. A tot això s’afegeix la fantasia per a donar eixida a un personatge acusat d’explotador, favor que retornarà després en una escena prou colpidora, donant un aire d’inversemblança que no deixa d’agradar. L’inici de la dura postguerra queda dulcificat. Atrevir-se a capgirar el cinema de la guerra civil espanyola és d’agrair.

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La llave que abrirá el mañana, dice él

La opción menos mala, dice ella

Opuestas almas

Fulgores coincidentes.

 

Avanzar por los pasillos aprehendiendo el paisaje

O vagar distraído bañándote en acordes delirantes

Seleccionar con cautela la compañía de la sala

O sentirse suficiente, a deshora llegar.

 

Con diligencia reproduces los estertores de otras vidas

Con pasión desdibujas tu rota existencia interior

Aprender a vivir lo ajeno

Colmarse con lo propio.

 

El tiempo guardar en los bolsillos repletos de necesidad

Deshojar los segundos sin percatarse

Escapar, dudar, huir, transitar

Permanecer, saborear, tocar, sentir.

 

Sigues la línea del horizonte

que aprisiona tus alas

Dulce pajarillo das bandadas

de placer, y correteas y oteas.

 

Ocho otoños, ocho inviernos

Ocho primaveras, ocho veranos

El día, el papel, el olor a polvo

La noche, la tinta, la magia.

 

La parada del metro que te ha visto correr

La puerta que distraída te observaba caminar

Manual raído y preparado a punto de deshojar

Llora y se despereza, lomo rígido en paz.

 

El té te reúne y siempre dices cómo estás

He conseguido algunas horas para trabajar

Llegué a mi meta el hastío vespertino

Escribo novelas después de volver.

 

Recuerdas dos mil ocho y dos mil nueve

No te olvides de dos mil trece

Y qué pasó en dos mil catorce

Ahí terminó, volví a nacer.

 

Castro, el nacionalismo, el mundo se acaba

Perú, la familia, el pollo frito

Las líneas de mi vida cambian y cambiarán

No tengo guion escrito, el destino dirá.

 

La tierra se la traga, promesas del reencuentro

Tenemos que vernos pronto coincides

Abrazo fundido en negro

Y el dulce amargor que te azota.

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