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Archive for the ‘Quentin Tarantino’ Category



Después de algo más de tres años vuelvo a ver Kill Bill vol. 1 y vol. 2 (2003 y 2004) de Quentin Tarantino. Las películas no han cambiado nada pero mi visión sobre ellas sí que lo ha hecho. Ambas partes son un magnífico despliegue de calidad visual recurriendo a la partición por capítulos. Habiéndolas visto de forma seguida se tiene la sensación de ser una obra extremadamente cuidada y conseguida. No sobra nada (quizás sangre). Los capítulos van sucediéndose paulatinamente y dando mayor sabor a una historia contada con el usual recurso del racconto. Por ello, es una película donde las escenas y capítulos quedan perfectamente diferenciados. Para muchos, Tarantino se columpió haciendo Kill Bill ya que no puede llegar al nivel de Reservoir Dogs o Pulp Fiction, según algunas críticas. Sin embargo, creo que es una obra perfectamente lograda. Mientras que el volumen 1 se dedica a exhibir el arte de la catana, sorprender (e incluso angustiar) con tanta violencia y tanta sangre, el volumen 2 recupera algunas notas clásicas de Tarantino. En la segunda parte, esencial para entender totalmente la historia, los diálogos adquieren mayor importancia. Digamos que los personajes dejan de jugar un rato a samuráis y se paran a pensar por qué juegan a ello, sin dejar de hacerlo. La protagonista (Uma Thurman), la Mamba Negra, también evoluciona. De ser una letal máquina de matar sin escrúpulos llega a ser la misma máquina de matar pero con algún sentimiento que otro. El contacto con su hija hace que cambie totalmente, y es con ese viraje con el que acaba la película. Realmente se disfruta con una parte y con otra, pero la segunda es más pausada y tiene episodios realmente exquisitos como el entierro vivo y la rememoración del entrenamiento con Pai Mei. Al ver este pasaje nos viene directamente a la mente un cuento de Edgar Allan Poe, El entierro prematuro (1844), donde se describe la obsesión de un personaje que sufre catalepsia y teme ser enterrado vivo a pesar de no estar muerto. Para él, ésta es la “mayor de las desgracias posibles”. Poe describe perfectamente la fobia y la desesperación de esta situación que la Mamba Negra consigue sortear echando mano de sus habilidades y recuerdos.

Algo que posiblemente se le haya criticado en más de una ocasión a Tarantino por Kill Bill es la violencia y la sangre. Sobre todo es en la primera parte donde las secuencias violentas se suceden una detrás de otra (la protagonista dispone de una lista de la muerte). Cabezas, brazos y piernas cortadas, catanas atravesadas, ojos extraídos de sus cuencas, corte de talones y de cráneos: todo es violencia que va alimentando la película. Dado que se trata de un tema recurrente (la venganza) y un director que frecuenta este tipo de escenas se puede comprender, pero no deja de ser chocante. No hay ningún tipo de tapujo ni escrúpulo para dejar de mostrar una cabeza cortada. No es nada nuevo en Tarantino, su última película, Malditos bastardos, vuelve a utilizar estos mismos recursos (recuerden las cabelleras cortadas). Espeluznante.

Como digo, es chocante y curioso, pero no pasa de ahí, no nos alarma. La violencia y las escenas de este tipo se han democratizado, están totalmente al orden del día. Basta con encender un informativo cualquiera a mediodía y contemplar cómo gente muere: asesinatos, cogidas de toros, aviones estrellados, etc. Todo esto forma parte de nuestra vida y no resulta extraño verlo. Lo vemos, nos lamentamos y seguimos comiendo. La diferencia entre Tarantino y un informativo está clara. Mientras Tarantino usa la violencia para contar una historia y con un fin artístico (a pesar de lo que se pueda objetar a ello), los telediarios muestran la cruda y verdadera realidad. Y alguien cuando va a ver una película puede decidir entre ver una película como Saw o Hostel o no hacerlo y declinarse por algo más “correcto”. Sin embargo, al encender el televisor uno no sabe qué puede llegar a encontrarse.

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