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Archive for the ‘Stanley Kubrick’ Category

I. Cuando te sientes transportado a momentos pretéritos; cuando sientes en primera persona el sufrimiento ajeno; cuando confraternizas con ese lejano narrador, no mucho más joven que tú; cuando alcanzas a comprender el verdadero sentido trágico de una guerra: ese es el momento en que una obra literaria consigue cumplir su función, el momento en que la labor de su escritor adquiere toda la plenitud. Leo con fruición Sin novedad en el frente, la gran obra de Erich Maria Remarque publicada en 1929, sintiendo en mis carnes el relato desgarrador de un posible soldado alemán en la Primera Guerra Mundial. En los primeros momentos de este disfrute —o padecimiento— advierto que es una obra evocadora, sentimental: un libro necesario y útil para un estudiante de Historia.

sin novedad libro

La prosa ágil y el relato continuo forjado a partir de múltiples pensamientos y acciones sirven para transmitir, más que narrar, para alzar la voz y para denunciar. Son muchos los momentos memorables de esta obra, llevada fielmente al cine por Lewis Milestone en 1930, y más tarde en 1979 por Delbert Mann; sin embargo, son las íntimas confesiones de tú a tú que hace Paul las que son capaces de generar un sentimiento en el lector, de sacudir nuestras conciencias. Los primeros momentos de la guerra, caracterizados por la felicidad del servicio a la patria y la confianza en que sería una contienda rápida, contrastan terriblemente con las imágenes de “guerra total” con que esta obra nos ilustra. El continuo goteo de muertes, la masa entregada al ideal patriótico, el combate directo y su ferocidad, la hambruna de los civiles y del frente: la violencia sin precedentes en todas y cada una de las facetas del ser humano. Un mundo ha terminado, se ha agotado: el mundo infantil de las clases y los libros, los sueños y los anhelos. La guerra ha llegado y, con ella, la barbarie del nacimiento del horror. La trinchera es la metáfora de ese mundo oscuro, sumido en el fango, en la podredumbre humana; la humanidad se ha desvanecido y los resquicios de ésta agotan su capacidad evocadora. Es el mismo sinsentido de la entrega gratuita a la muerte que veíamos en la memorable Paths of Glory de Stanley Kubrick (1957). Relatos antibelicistas imprescindibles; artefactos de un horror pasado.

“Pero aquí, en las trincheras, lo hemos perdido todo. Ya no se eleva en nosotros ningún recuerdo; estamos muertos, y el recuerdo planea a lo lejos, en el horizonte. Es una especie de aparición, un enigmático reflejo que despierta, al que tememos y al que amamos sin esperanza. Es intenso, y nuestro deseo es intenso; pero es inaccesible, y lo sabemos. Es tan vano como la esperanza de llegar a general. […] Hoy pasaríamos por el paisaje de nuestra juventud como viajeros. Los hechos nos han consumido. (pp. 110-111).

La convivencia de ambos mundos de vida es incompatible: “El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer, tiene que destruir un mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El Dios se llama Abraxas”. Así lo recordaba Hermann Hesse en Demian (1919), otra obra atravesada por la tragedia bélica. El mundo de los ideales y de las aspiraciones de toda una generación ha sido atravesado por la bayoneta de la guerra. No es posible vivir el mundo de la guerra sin destruir el mundo de los sueños. La vuelta a casa en tiempo de permiso se hace insoportable; el contacto con la realidad que quedó atrás duele:

“Todo eso me atrae de un modo irresistible y quisiera hacer como ellos y olvidar la guerra. Pero al mismo tiempo siento un rechazo, todo es tan limitado. ¿Cómo puede eso llenar una vida? Habría que aplastarlo todo. ¿Cómo puede existir eso mientras en el frente la metralla zumba por encima de los cráteres, las bengalas se alzan en el cielo, se llevan a los heridos en las lonas de las tiendas y los camaradas se agachan en las trincheras? (pág. 151).

Paul sobrevive durante los largos años de la guerra, construye un mundo soportable pero ve a todos y cada uno de sus amigos morir. El final llega tarde —o pronto—, su vida se marchita en momento de inactividad en el frente. Su recuerdo evoca a generaciones.

II. Sin novedad en los frentes: esta es nuestra dura realidad, como la de Paul cuando hubo de morir. Desgobierno y mediocridad, incertidumbre y vacío, incomprensión y pérdida: los frentes perpetuos. Este crudo panorama está conformando un mundo del desánimo, un mundo que no acaba de invitar a la movilización real y efectiva —si es que todavía es pensable una movilización efectiva—, un horizonte de desolación y desubicación. Las críticas emergen en estos días: tratan de ser como esas bengalas de la guerra que iluminan el campo enemigo para ser reconocido y atacado. No obstante, no hay tal ataque certero; quizás no hay ni reconocimiento previo. El déficit democrático de las instituciones comunitarias es alarmante y la guasa con que se nos trata y se nos pretende aleccionar es irritante. Los continuos vaivenes de unos mecanismos institucionales que nadie consigue llegar a entender llevan al desánimo generalizado. La persistencia en unas políticas alejadas del ciudadano es la misma determinación de aquel general de Kubrick que trata de mandar sus tropas a un suicido seguro. El juicio y la responsabilidad de los culpables se evaporan en una maraña inextricable de actores e instituciones que ya no responden a su papel.

sin novedadDesgraciadamente, el mundo que dejamos atrás que, sin ser el mejor de los posibles, era un dulce manjar de seguridad y certeza, se resiste a volver. No vemos la dirección ni la luz: no hay bengala que nos ilumine; los soldados de la imagen tampoco encuentran ya el camino de vuelta. “Ya no podemos encontrar el camino que nos conduzca a nosotros mismos”: ¡cuánto comprendemos a Paul! Esperemos que no llegue ningún toque de gracia como sufrió este joven, viendo cómo su futuro y su certidumbre se desvanecían sin posibilidad de retorno; y si debe llegar que encuentre en nosotros una buena coraza con que combatir.

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Eyes Wide Shut (Stanley Kubrick, 1999) es una película interesante, que no deja indiferente cuando se ve. Es una larga obra, con un ritmo muy lento que casi exaspera en algunos momentos. Los diálogos, si bien no son definitorios para la acción, son muy escasos y se hacen esperar. Esta película tiene un gran poderío visual pero también en contenido. Puede parecer una obra sencilla con una trama más o menos convencional, con toques magistrales de suspense y poco más, pero Kubrick logra bucear en la antiquísima institución del matrimonio desgajando los flecos de una pareja convencional, adinerada y respetable. Tras la confesión de un conato de infidelidad por parte de la mujer (Nicole Kidman), el doctor William Harford (Tom Cruise) se verá desbocado y comenzará su viaje, rozando y traspasando los límites de lo prohibido, lo prohibido para un matrimonio, para una relación basada en un contrato de fidelidad mutua. Se adentrará en un mundo donde se ven los despojos humanos, donde el sexo y la muerte se entrecruzan con la prostitución. El protagonista irá de aquí para allá entre los fallidos intentos de desahogarse con varias prostitutas, las carantoñas de una menor, y finalmente, la escena orgiástica de una secta. El simbolismo de la película es muy fuerte: la máscara que recubre el rostro para estar preparado al entrar en un universo distinto al convencional sirve como protección, los ojos cerrados de par en par para los iniciados que todavía no han traspasado esa línea… Las escenas de la orgía dan a la película mucha fuerza y una nota importante de suspense, así como el seguimiento a que es sometido el protagonista. El doctor Harford acaba por confesar todo a su mujer. Ella había admitido un leve deseo de infidelidad bajo los efectos de la marihuana, pero él, a partir de ahí, inicia un periplo por un mundo oscuro que podría haberle costado la vida. Frente a la convencionalidad y la tranquilidad del matrimonio y la paternidad, la espiral de sexo, drogas y muerte. ¿Una defensa del matrimonio por parte de Kubrick? La película finaliza con un supuesto perdón de ambas partes, la voluntad de seguir con los ojos bien tapados en una vida segura y tranquila. Para remediar lo que faltase, ante la intranquilidad del doctor sobre lo que hacer a continuación, su mujer se lo dice claramente: “follar”. Utilizar el sexo como llave para enterrar los problemas, las dudas y las desilusiones de una vida apacible. Una película muy sugerente que puso fin a la carrera de su director.

Nota: recomiendo que lean este artículo del profesor Justo Serna acerca de la película.

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