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Archive for the ‘Haruki Murakami’ Category

El otro día decidí hacer algo que no suelo hacer muy a menudo, pero sé que es un ejercicio sano y saludable. Entré en una librería y, además de comprar una obra por motivos académicos, me dediqué a vagar entre las estanterías buscando algún título sugerente, alguna portada llamativa, alguna reseña que me llamase la atención. La verdad es que no tuve que buscar demasiado ya que el nombre de un autor japonés me llamó y la reseña en la contraportada me atrajo extrañamente. Así que, sin dudarlo más, lo compré. La lectura de forma indisciplinada y aleatoria casi siempre reporta un gran placer pese a los riesgos que ésta supone. No obstante, Al sur de la frontera, al oeste del sol, de Haruki Murakami (1992), publicado en Tusquets, ha cumplido las expectativas que me formé al leer la reseña.

Es una obra muy ágil y directa que narra la vida de Hajime desde la infancia hasta la edad adulta. El protagonista va narrándonos en primera persona su proceso de crecimiento, incidiendo sobre todo en su vida amorosa. Su infancia la transcurre al lado de Shimamoto, una niña de su edad con la que comparte mucho tiempo y con la que pronto surge una amistad especial. A pesar de ello, Hajime crecerá y entrará en la educación secundaria y pasará por una adolescencia llena de escarceos amorosos, alejándose así de Shimamoto. Aquella niña marcará sobre su persona una huella indeleble que ni el tiempo ni otras personas podrán remover. Es maravilloso y enternecedor ver cómo una persona puede marcar tanto a otra y cómo, a pesar del paso del tiempo, hay palabras y personas que quedan siempre en el corazón. La vida le brindará otras oportunidades y tendrá su primera novia formal a la que engañará con otra mujer. A partir de ahí su existencia se debatirá entre la angustia, la desidia y la desilusión.

Incluso después de dejar de visitarla, la seguí recordando con cariño. A lo largo de aquella época angustiosa que fue la adolescencia, el calor de su recuerdo me confortó y alentó incontables veces. Y durante mucho tiempo ocupó un lugar especial dentro de mi corazón. Lo guardé para ella, de la misma forma que se pone un aviso de “reservado” en la mesa más tranquila al fondo de un restaurante. Y eso pese a creer que no volvería a verla jamás.

Salí algunos meses con ellas. Y luego pensaba: “¡No, no es eso!”. No lograba descubrir en su interior algo hecho sólo para mí. Me acosté con algunas de ellas. Pero no encontré nada que me emocionara. Aquélla fue la tercera etapa de mi vida. Los doce años que transcurrieron desde mi ingreso en la universidad a la treintena los pasé sumido en la desilusión, la soledad y el silencio. Fueron para mí unos años gélidos.

Una vez pasados aquellos años turbulentos, Hajime se casará y obtendrá una estabilidad económica y familiar al modo más tradicional y deseable. Pero esta vida serena y acomodada pronto defraudará al protagonista, que verá cómo sus fantasmas del pasado retornarán con fuerza. Esas marcas de fuego que dejan algunas personas se volverán abrasadoras y se harán presentes, imposibilitando el vivir una existencia normal. El vacío seguía siendo vacío. Se reencontrará con su amiga de la infancia, Shimamoto, y Hajime tirará por la borda sus años de matrimonio y paternidad por el deseo inefable de estar con aquella niña cojita que recordaba. Los años habían transcurrido pero la sed última de su yo no había sido colmada. Como no podía ser de otra forma, el romance adulto de Shimamoto y Hajime acabará de una forma brusca e inexplicable, y éste se verá sumido en la existencia más vil y carente de sentido posible. El vacío volverá a su vida. Por si esto fuera poco, todavía tendrá Hajime la oportunidad de ver a su primera novia (o de imaginar, fruto de la locura), otro fantasma presente en su interior.

Es la historia de la frustración, de la aspiración de realización de un yo que no puede llenarse. La vida apacible del protagonista se tambalea ante los recuerdos y las pasiones de la adolescencia. Es una magnífica historia del hombre moderno, de las dudas y dificultades que existen en la actualidad, y de la compleja realidad de la vida humana. La novela acaba de forma un poco precipitada anunciando una esperanza, una leve esperanza dentro del universo incierto y agrio que es la vida. Es una novela muy humana y muy propia del mundo que vivimos. No ha dejado de recordarme a Eyes wide shut (Stanley Kubrick, 1999) que al igual que este autor japonés, también anuncia una esperanza posible.

Durante toda mi vida, he tenido la impresión de que podía convertirme en una persona distinta. De que, yéndome a otro lugar y empezando una nueva vida, iba a convertirme en otro hombre. He repetido una vez tras otra la misma operación. Para mí representaba, en un sentido, madurar, y, en otro sentido, reinventarme a mí mismo. De algún modo, convirtiéndome en otra persona quería liberarme de algo implícito en el yo que había sido hasta entonces. Lo buscaba de verdad, seriamente, y creía que, si me esforzaba, podría conseguirlo algún día. Pero, al final, eso no me conducía a ninguna parte. Por más lejos que fuera, seguía siendo yo. Por más que me alejara, mis carencias seguían siendo las mismas. Por más que el decorado cambiase, por más que el eco de la voz de la gente fuese distinto, yo seguía siendo el mismo ser incompleto. Dentro de mí se hallaban las mismas carencias fatales, y esas carencias me producían un hambre y una sed violentas. Esa hambre y esa sed me han torturado siempre, tal vez sigan torturándome a partir de ahora. En cierto sentido, esas carencias, en sí mismas, son lo que yo soy. Pero sé una cosa. Ahora, por ti, quiero convertirme en un nuevo ser. Tal vez lo logre. Aunque no sea fácil, tal vez, esforzándome, consiga un nuevo yo. A decir verdad, si volviera a ocurrir lo mismo, tal vez actuara igual. No puedo prometerte nada. A eso me refiero cuando hablo de tener derecho. No consigo estar seguro de poder vencer esa fuerza.

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