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Archive for the ‘José Saramago’ Category

Nadie debería morir en vano. Tampoco un escritor. La muerte de José Saramago ha llevado quizás a muchas personas a recuperar su obra, a leerla, a conocerla. Este es mi caso, he tenido la oportunidad de leer por primera vez Ensayo sobre la ceguera, publicada en 1995. Después de todo lo dicho por multitud de personas durante estas últimas semanas tras el fallecimiento del escritor, y la genialidad de esta obra, queda claro que Saramago fue un escritor comprometido, que se mojó. Dice la tradición que Tales de Mileto andaba observando las estrellas cuando cayó en un pozo. Una muchacha tracia se burló de él porque, mirando las estrellas, no podía mirar el suelo, la realidad física que tenía ante él. Hay intelectuales comprometidos, y también hay otros que no lo están y prefieren vivir en las alturas de su arte, limitado a un selecto público.

Ensayo sobre la ceguera es un escrito de la contemporaneidad, es la implicación total en lo que ocurre actualmente y es un toque de atención a la humanidad. El estilo de Saramago es curioso y quizás choca al principio. Los largos párrafos con escasos puntos y aparte, los diálogos incluidos en las oraciones con mayúsculas, la dificultad de discernir a las personas que hablan. En su obra no aparece ni un solo nombre de ningún personaje, ni del país ni la ciudad donde se desarrolla la trama, ni referentes culturales nombrados como obras literarias y artísticas aunque sí se aluda a ellas, ni ubicación temporal. Toda esta ausencia de nombres es una ausencia de humanidad, es la rotura con lo que puede quedar de humano ante la epidemia de ceguera. No obstante, la novela es fácilmente ubicable en un contexto reciente y en un país que bien podría ser el nuestro o cualquier otro occidental. La historia no ocurre en un extraño mundo alejado, ocurre en el nuestro porque está dirigida a nuestra realidad

Podría ser relacionada con la serie de novelas distópicas del siglo XX, y una de ellas guarda algunas similitudes con la obra de Saramago. Se trata de El señor de las moscas (William Golding, 1954). Mientras que en la obra de Saramago es la ceguera la causante del alejamiento respecto a lo que se considera como humano y racional, en la obra de Golding ocupa la misma función el aislamiento y la soledad de una isla poblada por unos chavales sin adultos, llegados tras un accidente de avión. El hecho de que la novela de Golding esté caracterizada por niños y la de Saramago lo esté por personas de cualquier rango de edad no disminuye las consecuencias que se derivan del escollo que sufren. Las tensiones y la verdadera naturaleza del ser humano florece cuando la situación es adversa. El peligro de morir y la competencia por los recursos ponen a prueba a un mundo que ha quedado ciego. El resultado será el mayor desastre posible: el afán por el control, las medidas totalitarias de un gobierno que va quedando ciego también, la muerte, el saqueo, el desastre. El ciego necesita un guía que le haga volver los pies a tierra, no puede permanecer impasible ante lo que exige la naturaleza.

La novela de Saramago relata la dura realidad de un mundo de ficción, muestra los horrores que conlleva esa ceguera y contiene episodios estremecedores, pero no por ello menos reales. Es un hombre comprometido y nos advierte de lo podría llegar a pasar, de cómo somos cuando las circunstancias nos son adversas. Sin embargo, en medio de ese gran escollo, Saramago no niega una esperanza. El final de su novela nos recuerda que, a pesar de todo lo visto, no todo está perdido. Todavía hay remedio y quedan muchas cosas por hacer. El fin de la novela de Golding también resulta ser la vuelta a la realidad, después de las grandes travesuras hechas por unos niños en la isla desierta. Pero estas travesuras de niños no son tan infantiles ni tan inocentes, son realmente humanas. Esta humanidad nos causa pavor y nos alerta. ¿Es esta la humanidad que queremos?

Las imágenes ven con los ojos que las ven, sólo ahora la ceguera es para todos. Tú sigues viendo, Iré viendo menos cada vez, y aunque no pierda la vista me volveré más ciega cada día porque no tendré quien me vea.

Muchas interpretaciones podrían darse y se habrán dado acerca de Ensayo sobre la ceguera, pero no creo que en el afán de interpretar de forma minuciosa una novela se haga ésta más comprensible. Tomen esta novela por lo que es, léanla con tranquilidad, entrando en una historia que os exigirá haceros partícipes de ella. Luego saquen las conclusiones que quieran, pero actúen. Todavía no estamos ciegos del todo, podemos discernir entre muchas cosas y en nuestra mano está todo ello. Hoy curiosamente tengo revisión de la vista, habiendo acabado la novela, espero que todo vaya bien en mis ojos y pueda seguir viendo bien.

Así pues, quien tenga ojos que vea y de paso, que repare.

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