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Archive for the ‘Política’ Category

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Confieso públicamente que, al menos una vez por semana, me pregunto quién está detrás de las redes sociales de Izquierda Unida. Hoy me ha sorprendido con esta imagen en que podemos observar a Lenin afirmando que “volverá” en el centenario de la revlas  que Lenín Moreno –de ahí viene la referencia tan elocuente–, de la Alianza PAÍS, se disputa el poder con el conservador Guillermo Lasso. No entraré en las cuestiones de Ecuador debido a mi total desconocimiento sobre las vías del socialismo del siglo XXI en este país.

Lo que realmente me sorprende –aunque confieso que cada vez menos– es la apología continuada por parte de Izquierda Unida a la figura de Lenin, o a la de Fidel Castro por citar alguno más. No sé si el cuerpo embalsamado de Vladimir Ilich Ulianov, alias Lenin, regresará, pero lo cierto es que no me produce una gran ilusión su vuelta. Sobre esta figura se ha escrito mucho, incluso se ha extraído su cerebro para medirlo y analizarlo, pero lo cierto es que si se abordan desde un punto de vista histórico los rituales de enaltecimiento a su culto por parte de IU caen por su propio peso. Puedo entender que dentro de esta organización haya mucho viejo comunista que aún sueña con una Unión Soviética que no hubiese caído y hubiera mantenido su régimen de partido único, pero cuando los historiadores tratamos de analizar el pasado las apelaciones simbólicas al corazón de los bienintencionados oyentes pierden todo rigor histórico. La gran mayoría de los historiadores coinciden básicamente en una idea: Lenin no fue la oportunidad perdida del comunismo soviético, cuyo legado fue estropeado por el súper malvado Stalin. Para apuntalar esta idea ofreceré algunos argumentos:

1-Los bolcheviques tomaron el poder en octubre de 1917 imponiéndose el criterio de Lenin aun con resistencias por parte de Zinóviev y Kámenev. El asalto al Palacio de Invierno, que puso fin al gobierno provisional, no tuvo una gran movilización popular que la acompañara. Entre el 15 y el 19 de noviembre de 1917 (las fechas son del calendario juliano) hubo elecciones para la asamblea constituyente en las que los socialistas revolucionarios tuvieron una amplia mayoría: 370 diputados de los 715 que había. Los bolcheviques obtuvieron 179 diputados. La asamblea se reunió en enero de 1918 y rechazó una “Declaración de Derechos del Pueblo trabajador y explotado”, propuesta por los bolcheviques. Los bolcheviques abandonaron esta asamblea y entre el 10 y el 18 de enero de 1918 aprobaron su disolución. Algunos historiadores lo han interpretado, en una visión liberal, como la consumación del golpe de Estado de octubre; lo que fue, desde luego, es un golpe de fuerza creando una dictadura de un solo partido así como la sepultura de la representación popular en términos del liberalismo democrático.

2-El gobierno bolchevique pronto puso en marcha una serie de medidas bien conocidas por todos. Me permito recordar alguna de ellas que se suele olvidar: la política de terror contra los enemigos del pueblo. Autores como Sheila Fitzpatrick han analizado las diferencias del terror revolucionario de Lenin y el terror totalitario de Stalin, estableciendo diferencias en los objetivos, en la magnitud y en las formas. Aun así, tanto esta autora como otros reputados como Orlando Figes, Bernard Bruneteau o Julián Casanova, señalan que las bases del terror estalinista están en la política de Lenin. La creación de la Checa, policía del Estado bolchevique, en diciembre de 1917 es un ejemplo de esta política de eliminación física del enemigo, enemigo conceptualizado como burgués donde cupieron no solo propietarios burgueses, sino mencheviques, socialistas revolucionarios, cadetes, bolcheviques críticos, campesinos que resistieron la colectivización, etc. En diciembre de 1917 Lenin escribía una llamada a la guerra contra “los ricos, los holgazanes y los parásitos”: era necesario “limpiar la tierra rusa de toda la chusma”. Pronto el aparato estatal bolchevique creó chivos expiatorios diferentes que generaron un clima de terror por Rusia. En Crimea, los bolcheviques en el invierno de 1920 dividieron la población entre los que había que fusilar y ahorcar, los que había que encerrar en un campo y los que quedarían absueltos. 50.000 personas fueron incluidas en la primera categoría. Lenin no “necesitó” reprimir su propio partido como lo haría una década después Stalin, pero estableció los instrumentos y la conceptualización del enemigo de la clase obrera que era preciso aniquilar.

3-Otro elemento clásico de cualquier sistema dictatorial fue el culto al líder. Las imágenes, los lemas, el tratamiento de su cadáver, las hagiografías, el uso de lemas fáciles para sobreponerse de su incapacidad lingüística, la gestualidad teatral o el poder hipnótico que generaba en algunos fueron ejemplos de cómo se gestó un culto a la figura de Lenin.

Es cierto que, en ocasiones, analizar la historia con perspectiva puede llevar a posiciones de cierta benevolencia interpretativa hacia personajes que hoy en día no aceptaríamos. La revolución soviética se enmarca en una época conocida como la guerra civil europea en que la experiencia bélica de la primera guerra mundial marcó la política de países como Rusia, así como la orientación revolucionaria del comunismo internacional. Analizar todo esto de forma rigurosa por la comunidad científica es el objetivo de los historiadores. Sin embargo, utilizar figuras de este tipo para defender una posición política actual es, en mi opinión, la oportunidad perdida de reflexionar seriamente sobre nuestro mundo actual y de abandonar la pasión, el frenesí, el arrebato o el entusiasmo propio de mítines políticos. Recomendaría a los responsables de redes sociales de IU que revisaran cuál es su consideración sobre la democracia y el socialismo en el siglo XXI, algo que por cierto nadie sabe muy bien definir en una situación de absoluta desorientación, en que el neoliberalismo nos ha ganado la partida. Hay alternativas y debe haberlas: el socialismo del siglo XXI, el ecosocialismo, el ecologismo, una mayor democracia participativa, una socialdemocracia reinventada, etc. No hay gurús pasados que puedan darnos respuesta a los problemas del mundo globalizado. Dejemos de abanderar fantasmas del pasado para solucionar problemas del presente. Seamos un poco historiadores; un poco menos políticos.

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dL’altre dia ens alçàvem amb la notícia sobre la proposta de Manuela Carmena d’anomenar el Valle de los Caídos el Valle de la Paz, proposta que, per un moment, em va desconcertar: no sabia ben bé a què es referia ni a quina voluntat responia aquesta nova denominació; semblava que l’alcaldessa hagués estat pensant  durant tres o quatre dies què proposar en una de les dates més nefastes de la història de l’Estat Espanyol: l’1 d’abril, tant de 1939 com de 1959. Aquest darrer any va ser inaugurat tal monument amb un objectiu clau: homenatjar els màrtir i herois de la croada front als rojos captius de guerra i presoners polítics, tot i que també va servir per soterrar Franco i l’”absent” Primo de Rivera. Sembla que van passar per allí més de vint mil persones sotmeses a l’empresa d’enaltir per sempre una dictadura i humiliar eternament els vençuts, tasca beneïda per l’Església catòlica.

Aquest monument sempre ha estat objecte de crítiques i d’opinions diferents, tan sols la Llei de Memòria Història va avançar en el sentit de no realitzar celebracions profeixistes en aquell lloc però mai no s’ha pogut consensuar ni determinar de quina manera una democràcia avançada ha de tractar amb un lloc com aquest. D’experiències en tenim moltes: Villa Grimaldi a Xile, Auschwitz, Mauthausen, o gairebé totes les comissions de la veritat americanes que han fet una tasca lloable. Fins i tot Mauthausen, on van morir al voltant de 5000 espanyols per la repressió nazi, és un lloc més adient per a la memòria història que el que s’ha fet al Valle de los Caídos.

Així no anem enlloc, senyora Carmena. Aquest lloc no pot ser un Valle de la paz, simplement perquè la voluntat del dictador quan es va construir no va ser aquesta i anomenar-lo així no seria sinó una forma de pervertir la història i d’enganyar a moltes generacions. Cal pensar com convertir aquesta obra en un monument per la dignificació i per la memòria històrica, per a explicar a les generacions futures que un govern dictatorial, alçat contra un triat democràticament, va esclavitzar milers de persones com a mesura repressora que eternitzara el seu sofriment. A més a més, El Valle de la paz va ser una pel·lícula del 1961 realitzada per Andrew Marton per exalçar aquest indret de la mort i de la vergonya. El que va començar l’1 abril del 1939 no va ser la pau, sinó la “pau incivil”, en paraules de Julián Casanova, un període de destrucció física i psicològica del vençut, d’execucions massives, de presó i de tortura. No es pot amagar la història i les forces polítiques “pel canvi” han de començar a desfer-se’n de les decisions acomodatícies, del “tant se val” i de fer política en la butaca. Cal, senyora Carmena, deixar de comptar les síl·labes, de fer-se el nus de la corbata, com deia el poeta Estellés.

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“El día de hoy es un día de consagración nacional. Estoy seguro de que mis conciudadanos esperan que, al llegar a la Presidencia, me dirija a ellos con la sinceridad y la decisión que de nosotros exige el momento actual de nuestro país. Este es, principalmente, el momento de hablar con la verdad, cabal, franca y valientemente. No podemos ignorar las condiciones a las que honradamente, nuestro país debe hacer frente. Esta gran nación ha de perdurar como ha perdurado, revivirá y prosperará. Así pues, ante todo, permítanme expresar mi firme certidumbre de que lo único a que debemos temer es al temor mismo: al terror desconocido, irracional, injustificado, que paraliza los esfuerzos necesarios para hacer de la retirada un avance. En todas las horas oscuras de nuestra vida nacional, un liderazgo sincero y vigoroso se ha unido a la comprensión y al apoyo del pueblo mismo, condición esencial para alcanzar la victoria. Estoy seguro de que una vez más ustedes darán ese apoyo a fin de precisar el rumbo en estos días críticos”.

Parecen palabras del pasado 24 de mayo proclamadas por algún líder valenciano, madrileño o catalán, pero no lo son. Es Franklin Delano Roosevelt el 4 de marzo de 1933 el que se dirige a la nación azotada por la Gran Depresión con estas palabras. En este conocido discurso vemos la determinación a actuar: la promesa de una acción que no puede demorarse, que es ya urgente ante una nación que sufre el paro de una cuarta parte de sus asalariados, que carece de subsidios y que está inserta en una gran crisis financiera con la caída abismal de los precios y beneficios como nota característica. Es un discurso que, cuando menos, produce expectación, cierta ilusión: se dirige a sus ciudadanos, los anima a no temer, a ser francos y valientes. Estas palabras de toma de posesión del presidente Roosevelt causaron un gran revuelo: cartas de reconocimiento enviadas por los ciudadanos a la Casa Blanca; temores y críticas de reticentes a creer en un cambio de rumbo; y una gran repercusión internacional en Europa, Australia y Alemania. Incluso la prensa de la Italia fascista vio equivocadamente en este discurso la bondad del fascismo por la determinación de la acción. Las medidas que se tomaron a partir de este momento se conocen como las reformas de los Cien Días, esos primeros meses de cualquier gobierno en que lo fundamental se pone encima de la mesa, en que lo urgente se pone en marcha; en este caso, la reforma bancaria, la agrícola y la del trabajo.

Todavía en resaca electoral asistimos a un aluvión de noticias en Valencia sobre las incertidumbres del futuro nuevo gobierno. ¡Qué políticos y qué imaginativos nos hemos vuelto todos ahora! Tras años de letargo, la ranciedad más vetusta comienza a resurgir: de repente los muros de las redes sociales se llenan de consignas anticatalanistas, en contra de esa misma lengua que hablamos por estas tierras, en contra de banderas y banderines, de himnos y de juglares. Muros poblados por eslóganes acompasados por el periódico ABC que hace del peligro catalanista su mejor baza demagógica y electoralista.

Comienzan tiempos interesantes, como diría Hobsbawm, tiempos en que los ciudadanos que confiamos en un cambio tenemos el derecho a exigir una determinación real en la política, una tanda de medidas de urgencia en materia educativa, sanitaria, social y lingüística; a demandar que la vanidad individual –comprensible y lógica para personas que se han dejado la piel en la persecución y denuncia de la corrupción– de los líderes políticos no acabe en estériles reyertas que podrían debilitar lo que puede ser una gran oportunidad. Que el miedo no acampe por aquí, y que los agoreros apoltronados en los pasillos del sistema den paso a la ilusión. Llega “el momento de hablar con la verdad, cabal, franca y valientemente”.

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1. En un par de días se celebrará el 70 aniversario de la liberación del campo de concentración y exterminio Auschwitz-Birkenau de Polonia. Fue la noche del 27 de enero de 1945 cuando las tropas del Ejército soviético entraron en el campo. Los nazis habían dinamitado previamente los crematorios del campo para borrar pruebas del millón cien mil personas que dejaron su vida allí. Eva y Miriam, dos hermanas despertadas por los estruendos de las explosiones, asistieron a la desaparición de todo orden en el campo y salvaron de milagro su vida: aun siendo destinadas a una muerte segura por la imposibilidad de seguir el ritmo de las marchas de la muerte, pudieron zafarse debido a la proximidad del Ejército Rojo. Curiosamente fueron soldados del frente ucraniano los que llegaron en primer lugar al campo, y los gritos de ¡Somos libres!, ¡Somos libres! comenzaron a escucharse. El abrazo de esos primeros soldados a Eva fueron el primer elemento de calma después de mucho tiempo.

Los ecos de la historia resuenan una y otra vez en nuestro presente, y la negativa de Putin a asistir a este último aniversario conmemorativo con víctimas presentes ha sido noticia. “El señor Putin tiene a finales de enero una agenda muy intensa ligada a cuestiones de la política nacional. Representará a Rusia el jefe de la Administración Presidencial, Serguéi Ivanov”, reza la noticia. Y continúa recordando su conflicto en Ucrania que le mantiene en una difícil relación con Europa. Desde luego, esta “liberación” que narra Laurence Rees no puede idealizarse ni ensalzarse sin más: muchos de los presos que pudieron salir con vida de este y otros campos, se encontraron con un futuro roto por haber sido ocupadas sus casas en sus países de origen. El antisemitismo en la Polonia de posguerra continuó acampando y amenazando.

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2. Los ecos vuelven a aparecer en una jornada que me recuerda a la cita europea de hace unos meses donde todo parecía estar en juego y, realmente, nada lo estuvo en gran medida. De nuevo, hoy la cita griega se presenta como la jugada maestra contra las medidas de austeridad que llevamos soportando durante años; y vuelven a salir a la palestra ecos una y otra vez: los que vinculan a Tsipras con los comunistas de la guerra civil griega de mitad del siglo pasado; los que, sesudamente, citan a Keynes, y advierten contra la excesiva presión económica en Grecia; o los que tratan de ser apadrinados por Syriza en España. Lo siento pero no, no me gustan los baños de multitudes, los baños de masas de los partidos políticos. Veo unos minutos el mitin de Podemos en Valencia por la red y me desagrada profundamente. Íñigo Errejón bajado del cielo, con un semblante bien pulido y con aspecto juvenil, enciende a las masas, les dice lo que quieren oír y prorrumpen en aplausos con gritos de “Sí se puede”. Pues claro que debe poderse, pero ¿así? Parece que en un siglo no ha cambiado la forma de hacer política; no me gusta, no, me recuerda demasiado a El triunfo de la voluntad y rápidamente trato de apartar ese pensamiento y de cerrar la ventana.

3. Esto de los líderes carismáticos no deja de inquietarme, y ya son varios años. Sin haberme repuesto aún de las terribles imágenes del ataque yihadista en Francia, me da por leer El holocausto asiático. Los crímenes japoneses en la segunda guerra mundial, también del profesor Rees. Espeluznante de nuevo. Desconocía profundamente la acción de Japón en la guerra y el papel de Hirohito, así como la voluntad de los soldados japoneses por inmolarse, por servir a un ideal trascendente y entregar su vida por ello. De nuevo me deja anonadado y me viene una y otra vez a la mente el fundamentalismo islámico, el Ejército Rojo, los mítines políticos y la raza aria. ¡Salvadme!

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“Y allí, en la noche iluminada por los focos, apiñados como sardinas en una formación masiva, los pequeños hombres de Alemania que habían hecho posible el nazismo alcanzaron el estado más elevado que conoce el alemán: desprenderse de su alma y su mente individuales -junto con las responsabilidades personales, las dudas y los problemas- hasta que, bajo las luces místicas y el sonido de las palabras mágicas del austríaco, se fundieron por completo en el rebaño germánico”.

William Shirer (periodista norteamericano) sobre el mitin del Partido Nazi en Núremberg, en 1934.

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La política vuelve a ser el tema de conversación usual en las calles y en las familias; y es deseable que así sea después de tanto tiempo de adormecimiento. Tras la abdicación del rey Juan Carlos I se han producido de nuevo debates y agitaciones políticas de todo tipo; todo ello sin haber superado aún la resaca poselectoral de las elecciones europeas. ¿Será una maniobra para ahuyentar la politización y para restar importancia a las formaciones minoritarias que crecieron la semana pasada? ¿Una estratagema de lavado de cara para la muy denostada monarquía en estos últimos años? Posiblemente sea todo ello al mismo tiempo, pero la decisión del monarca nos invita a pensar y reflexionar mucho.

La república –o el derecho a elegir el jefe de Estado como eufemísticamente dicen algunos partidos– se hace de nuevo presente en las conversaciones y, con ella, todos los peligros en cuanto a la estrategia política que debe seguirse. Es necesario defender el sistema republicano con sensatez, sosiego y serenidad; pero al mismo tiempo con debate azuzador contra aquellos que pretenden cerrar filas ante la monarquía (el bipartidismo). Considero urgente que la defensa de la república se haga desde sus grandes virtudes como sistema político en el que se ponga el acento en lo público, en lo que es de todos y no tanto en los colores de una bandera (que es, por otra parte, una cuestión menor). Que se opte por una forma de organizarnos que apueste por la democratización de todas y cada una de las instituciones y que se vuelque en la participación de la ciudadanía, con sistemas asamblearios y consultas frecuentes. Como decía Julián Casanova un tiempo atrás, “esa nueva cultura cívica y participativa puede, y debe, alejarse del marco institucional monárquico y retomar la mejor tradición del ideal republicano. Hacer política sin oligarcas ni corruptos, recuperar el interés por la gestión de los recursos comunes y por los asuntos públicos. En eso consiste la república”.

Y eso es: la república consiste en todo esto. Por tanto, dejemos de apelar a la nostalgia histórica de una Segunda República que, si bien tuvo grandísimas aspiraciones y encomiables logros en multitud de problemas que hoy todavía no se han solucionado, también está vinculada en el imaginario colectivo con la agitación social, la revolución y, por desgracia, con la guerra. Denotaría mucha madurez en la izquierda española el hecho de que la defensa de la república se hiciera en el sentido de lo público y de la conquista de todo aquello que brilla por su ausencia en este régimen político. Reivindico, por tanto, el papel de la sensatez, de los historiadores y otros estudiosos, para que hagan una buena defensa de un sistema político lógico, necesario y natural como es la república, y pueda acabarse con una institución anacrónica y caduca.

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1-Las elecciones de ayer nos dejan algunas sorpresas y la confirmación de unas tendencias que se vienen gestando en Europa estos últimos años. Una de ellas es, por supuesto, el incremento de las fuerzas políticas de ultraderecha en países como Francia, donde resulta vencedor el Frente Nacional de Le Pen, Reino Unido con el UKIP, Dinamarca, Austria, Alemania y Grecia, con los preocupantes resultados de Aurora Dorada, de carácter neonazi, que podría tener tres eurodiputados. Lo cierto es que en épocas de crisis y de importantes retrocesos en la credibilidad y legitimidad de las instituciones los extremos ascienden, con el ejemplo de estos partidos eurófobos o, simplemente antieuropeos en algunos casos. Comienzan a oírse las comparativas con esta situación y la de los años 30 en Europa que todos conocemos bien; no obstante, no creo que haya que rasgarse las vestiduras, sino reflexionar sobre el porqué de esta tendencia. Hay que aprender de estos resultados tan preocupantes y admitir que las políticas de la Unión Europea chocan con una gran multitud de ciudadanos que manifiesta sus pulsiones por medio de estas formaciones. Es necesario cambiar el rumbo e impedir que tomen más fuerza los partidos de extrema derecha que podrían suponer un importante agravio para la convivencia y para el devenir de muchas políticas, especialmente las referidas a la inmigración.

2-¿En clave nacional? Es habitual valorar estas elecciones en clave nacional de cara a las próximas elecciones autonómicas y municipales, y a las nacionales dentro de dos años. Los resultados nos dan también mucho que pensar y que meditar, especialmente por parte de los dos principales partidos. El bipartidismo parece romperse, y viendo la distribución electoral de anteriores elecciones se confirma la tendencia de la pulverización del voto. Por una parte, el PP ha sufrido una derrota importante, por mucho que se hable numérica y demagógicamente de victoria; ha perdido una gran cantidad de votos y ha retrocedido en comunidades importantes, lo cual es una prueba ineludible de que sus políticas son ampliamente cuestionadas por una parte de la población, harta y descontenta. Por otra, el PSOE sufre una derrota mayor todavía, con un retroceso grandísimo estando en la oposición y sin levantar cabeza. El socialismo español, si es que puede llamarse así aún, necesita un cambio urgente si quiere sobrevivir como partido en segunda posición; debe llevar a cabo una regeneración –palabra tan actual e histórica– y acabar con una estructura política anquilosada y unos dirigentes que ya no pertenecen a esta época ni responden a los intereses de la izquierda. La dimisión de su ejecutiva y el avance en las primarias podría ser una oportunidad para ellos para recuperar tantos y tantos votos que se han desplazado a otras formaciones.

3-La dispersión del voto. Este asunto me alegra porque supone un varapalo a un bipartidismo neoliberal que me angustia y exacerba; no obstante, también es en cierto modo preocupante por la dificultad de gobernar un país de este modo. Hay partidos con presencia importante que me causan muchas desconfianzas (UPD, Ciudadanos), cuyos votos seguramente habrán provenido de muchos descontentos con el PP. Por otro lado, la izquierda más real aumenta, con un fuerte incremento de Izquierda Unida y la fulgurante entrada en el parlamento de Podemos. Estos últimos partidos también me causan alguna reticencia, especialmente el último por las críticas que está recibiendo, tildándolo de populista, demagógico u oportunista. La realidad es que la lectura de la situación actual desde un punto de vista anticapitalista (si es posible llamarlo así) y en contra de las políticas comunitarias actuales, coincide con el sentir general de gran parte de la población. Es una pena que la izquierda alternativa al desgastado y trasnochado PSOE esté tan dispersa y no sea posible aunar fuerzas contra el bipartidismo. Si no se avanza en esta dirección, las posibilidades que otorgarían los resultados en las nacionales podrían verse minorizadas por el efecto de la Ley d’Hont y el típico recurso al voto útil. A pesar de todo esto, no puedo dejar de manifestar mi alegría por el incremento de estas opciones que pueden plantar cara a las nefastas política a que nos están sometiendo durante años y, además, son la manifestación electoral de tantos movimientos sociales que estamos contemplando en nuestro país.

4-Los nacionalismos. Este es otro punto en los resultados electorales que dice mucho para quien quiera oír. ERC gana en Cataluña con su proyecto soberanista e independentista; PNV y Bildu obtienen la gran mayoría de votos en el País Vasco, con Bildu en primera posición en Guipúzcoa y Álava. Ni me preocupa ni me deja preocupar. No soy nacionalista y no tengo ese sentir, pero respeto profundamente la voluntad de muchos que desean poder decidir su futuro. Quienes asisten a estas manifestaciones políticas en sentido soberanista, que han venido para quedarse, y únicamente hacen oídos sordos, son bastante necios políticamente hablando. Urge abordar este problema ya y no postergarlo por la vía del desprecio y del castigo; de lo contrario, la ceguera manifiesta del bipartidismo ante unas reivindicaciones claras y sonoras podría empeorar la situación futura en otra dirección.

5-La escasa participación. Los resultados electorales a nivel europeo y nacional deben hacer que pensar, pero también debe hacerlo la participación. En España, pese a incrementarse levemente respecto a 2009, son cifras muy preocupantes. Tan sólo el 45.84% del electorado ha acudido a votar. ¿Qué validez tienen estas cifras y estas elecciones, tradicionalmente de poca participación? ¿Qué credibilidad puede tener una institución como el Parlamento europeo con estos niveles bajísimos de participación? ¿Qué siente la gente hacia la Unión Europea, con su maraña de instituciones complejas, su falta de democratización, hacia el poder de la Comisión y el Consejo…? No es un asunto baladí: creo que la salud democrática de un sistema reside en la participación de las personas, no sólo en este sentido, sino durante todos los días del año por medio de otros canales. Aun así, las bajas cifras de participación no parecen inquietar a los grandes que suelen salir beneficiados. Al menos, deberían dar un aviso a la ciudadanía para revisar nuestro papel social y nuestra participación política.

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